jueves, 15 de octubre de 2009

La vida al revés

Miré al celular y deseé que sonara, que alguien me llamara, quien sea, solo que timbrara para llenar esa angustia que se siente cuando algo falta. El vacío de cada noche en este departamento lleno de cosas, paisajes, música, pero hueco de afectos. Llamo a alguien en el exterior para llenar mi interior y que sepan que aún estoy aquí, lleno de algo que ellos dejan dentro de mi. Hoy lo reconocí: soy invisible en mi propia historia.
Me han dicho: eres bueno. Para nada? Tal vez esa es la respuesta. Debo ser bueno para algo, para alguien. Extraño a Vanessa, la hija de Pepita, la viuda de Santay que quedó con diez hijos y pudimos algunos procurarle una máquina de coser a pedal. También echo de menos a mis Huaorani de Tarangaro; espero que ellos se acuerden bien de mi todavía. Debo ir a Santay y Tarangaro. Y a Río Verde, Manantial, Salango, Bajo Alto y Vernaza. Si, a Vernaza, donde están dos ahijados que nunca veo. Y a Yasuní, a Cuyabeno, Limoncocha, Ozogoche, Cube, Ñucanchi Turupamba, Cayapas-Mataje, Galeras, Estero de Plátano, Lagarto, Borbón (en Navidad), Cabo de San Francisco, Japotó, San Clemente, Echeandía, Zaruma, Abraspungo, y tantos otros lugares que siempre me quise proponer y no he llegado.
Camino. Camino más de dos horas cada vez. De nuevo hay perros que me reconocen. A Oso le di pan hoy. Dudó hasta saber que era el mismo, ¿o ya no lo soy? Por supuesto que no. Soy el mismo y otro que se conjugó conmigo y lo alteró, mientras permanecía siempre solo, sin saberlo. Pero lo que no te mata, te hace más fuerte. Tremenda verdad. ¿Pero es uno más fuerte cuando más desconfiado? ¿Lo es cuando más se aísla? No lo creo. Que se madura a golpes. También es verdad. ¿Pero es madurar tener que hablarse a sí mismo las cosas que desbordaría a mi lengua si tuviera a quién decírselas?
Lindo y solitario puto Quito de mi vida. De adolescente supe que me habría formado mejor acá; que mi carácter nunca fue para Guayaquil. Que debí estudiar en el extranjero y volver, siempre volver. Que debí elegir a una pareja que se complemente conmigo y con aquel que se conjuga continuamente. Que hace ratos que debí sacar todo lo que soy, todo lo que aprendí y todo lo que enseñé y no me propuse aplicar.
La vida al revés también es posible. Tener hijos primero, después viajar. Trabajar, luego estudiar. Amarte antes, para ahora, mi amor, tener tu amistad y no olvidar, que soy yo quien siempre te amará.

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