
No sabes todo lo que pienso en ti. Despertar es empezar a pensar en ti. Pienso en lo alejado o cercano que están de mi tus sentimientos; si tu mirada al vacío es por mi, o no. Trato de retrasar mi llegada del trabajo, porque en casa, solo, pienso mucho más en ti. Te imagino sonriendo, incluso a veces llamas y me cuentas tu día y yo el mío, y reímos de manera que nuestras risas juntas encuentran el ritmo que aprendieron para ser armónicas, para demostrarnos que ellas sí están la una en la otra. Pienso en ti cuando veo una película que sospecho también te gustaría ver junto a mi y en sus partes más intensas apretarías mi mano con la tuya para indicarme tus miedos, impresiones o lo conmovedor que te pareció, e imaginariamente te abrazo un segundo vacío de corporalidad. Te puedes ahora imaginar todo lo que te pienso, estés cerca o inalcanzable. Y por suerte muchas veces tan inalcanzable que ni yo puedo dejarte salir, para ya no pensar en ti.
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